Reino de las montañas Altai

Reino de las montañas Altai

viernes, 5 de junio de 2026

Montaña y mar, cruzando puertos y embales

 

Dejo por aquí una de las últimas rutas en bici, que desde hacía tiempo quería recorrer. Unir “León” con Comillas a través de la Montaña Palentina, subiendo por el puerto de Piedrasluengas y bajando por la espectacular Hoz de Bejo y el valle del Nansa hasta llegar a la costa. De primeras, decir que son fotografías de móvil, por lo que no se puede esperar demasiada calidad. Esta vez, todo hay que decirlo, viajaba con un móvil mejor que el mío de juguete, pero que no deja de ser un móvil al fin y al cabo. Y esta vez viajaba solo, por lo que abundarán más los paisajes que los figurantes.

Empecemos, pues.

Etapa 1. León – Velilla del Río Carrión. 92 km, +815 m.

Esta etapa no fue más que una mera aproximación a las puertas de la Montaña Palentina, sin duda, espectacular y poco conocida, lo que la hace más especial para mí. En un viernes a la salida del trabajo, y con la que estaba cayendo -una semana bastante atípica de calor por estas latitudes y fechas- comencé a recorrer la campiña leonesa camino de Gradefes, pasando primero por el bonito y aislado monasterio de San Miguel de Escalada. Templo mozárabe prerrománico reformado posteriormente en el siglo X, te hace entender el paso de civilizaciones, de imperios, haciéndote relativizar a quién corresponde cada trozo de tierra. Y esta bella península, paso de leyendas e imperios, nos ha bañado con distintas culturas y genéticas que nos han aportado riqueza y diversidad, a pesar de los intentos actuales por delimitar purezas absurdas. La pureza en nuestra especie, dejando atrás la endogamia, siempre ha supuesto trabas a nuestra evolución.



Desde allí, poco más que contar salvo la tremenda cantidad de semillas de álamo negro que volaban de frente hacia mi cara, pegándose a todo mi cuerpo debido al protector solar. Desde Gradefes, la ruta seguía por Almansa y Puente Almuhey, camino de Guardo. En estas zonas, hay semanas en las que nieva siempre en la campiña.


Hasta que no llegué a Puente Almuhey, donde ya el monte prevalece sobre la tierra de campos, no me deshice de todo el vello blanco que cubría mi cuerpo, a base de restregarme con agua en una fuente. Desde aquí, poco más que contar camino de Guardo, antigua cuenca de minería palentina, ya junto a Velilla. Cuántas historias de vidas mineras, empañas de negro carbón, podrían contarse aquí, desde aquellos duros años de principios del siglo XX, cuando ahora ya ni las chimeneas de la térmica se atisban en el horizonte fruto de los procesos de descarbonización de todas estas cuencas. 

Y recorrí cada kilómetro enarbolando la bandera de mi tierra natal, regalo de una persona sin duda muy especial; el mejor de los amigos.


Aquí pasé el resto de tarde descansando y reponiendo para la etapa del día siguiente. Sin duda, Velilla del Río Carrión es un lugar especial para ello, capital de las montañas, donde degustar además unas de las mejores gildas que hemos probado, en una bonita terraza a orillas del Carrión y bajo la atenta mirada del Espigüete.





Etapa 2. Velilla del Río Carrión – Comillas. 161 km, +1.560 m.

Temprano en la mañana, antes de que el sol bañara con un poco de luz y calor aquellos rincones, comencé a rodar camino de Cervera de Pisuerga a través de la espectacular ruta de los pantanos. Muy cerca del primer muro, la presa de Compuerto, en completa soledad y con fuerte viento de cara que mecía el pasto verde en los campos, dos lobos aún con el pelaje oscuro de invierno cruzaron frente a mi, el primero sin detenerse, el segundo aminorando el paso para mirarme, perdiéndose después en la umbría de los robledales aledaños. No hay fotos de aquel encuentro, pues son demasiado escurridizos, pero es sin duda un momento especial cuando un animal de esa categoría se detiene a mirarte, ojos frente a ojos, para perderse después en la espesura. 





Superado el segundo muro, la presa de Camporredondo de Alba, el Epigüete (2.451 m) vuelve a aparecer ante ti camino de los distintos Cardaños. Además, aquí el viento, muy fuerte y de cara desde el inicio de la jornada, dio un respiro, generando bonitas imágenes de espejo en la superficie del agua.







De camino, toca subir el Alto de La Varga (1.437 m), antes de iniciar el descenso a Cervera de Pisuerga.


Desde allí, puse rumbo norte a través de La Pernía, para cruzar a Cantabria por el puerto de Piedrasluengas (1.355 m), desde donde contemplar una estupenda panorámica de la vertiente sur de Picos de Europa.






Dejado atrás el puerto, me desvié de la carretera principal que desciende hacia Potes para iniciar, a través de la Hoz de Bejo, un espectacular descenso hacia el valle del Nansa, llegando a la costa por San Vicente de la Barquera. Montaña y mar en perfecta sintonía, atravesando la Cornisa Cantábrica.






Unos pocos kilómetros más y alcanzo Comillas, destino final de la etapa. Después de una buena comida para reponer, tocó darse el primer baño de la temporada, que ya estaba tardando, y pasar la tarde disfrutando de este bonito enclave.







También hay que reponer un poco de azúcares de vez en cuando...




Etapa 3. Comillas  Riaño. 117 km, +2.045 m.

Con las primeras luces del día, comienzo esta jornada de vuelta a la montaña leonesa desde la costa. Una bonita luz anaranjada me acompaña de camino a San Vicente de la Barquera, desde donde contemplar al macizo de Picos de Europa por su vertiente norte.




Desde allí me dirigí hacia Panes, subiendo después hasta Potes a través del desfiladero de La Hermida. Recorrí este tramo recién arreglado prácticamente solo, pues la mayor parte del tráfico que encontré siendo sábado, era de camino a la costa.







Frente a mí, se erigía ahora el mítico puerto de San Glorio (1.609 m), con sus 27 km desde Potes. Lo encaré con decisión, pero algunos fallos logísticos lo hicieron más duro de la cuenta. Un potente viento de poniente me esperaba tras el puerto, pero durante la subida, la calma era total. Aquella semana, además, hacía un calor bastante inusual para las fechas en las que estábamos, deshidratándome bastante en la subida. Y lo que no sabía era que desde La Vega, con muchos kilómetros de subida todavía, ya no habría ninguna fuente más donde poder pillar agua. Y a mí no me hacen falta fuentes al uso; un caño que salga desde la roca me basta. Pero ninguno encontré.   




Con alegría coroné el puerto y me lancé cuesta abajo en busca del primer bar o fuente que encontrara, con tal fuerza de viento que no podía dejar de pedalear incluso en las pendientes más pronunciadas. Pero pronto alcancé Llánaves de la Reina donde reponer agua y cargar baterías para los últimos kilómetros.


La Montaña de Riaño ya se vislumbra a los lejos; el destino está cerca.


Y como siempre, es un placer reponer fuerzas y descansar por Riaño -ojalá fuera el auténtico- de tarde en tarde.







Etapa 4. Riaño  León. 126 km, +1.215 m.

Última etapa de este corto pero bonito viaje. Y para hacerlo aún más interesante, decidí unir Riaño con León a través del valle de Valdeburón, subiendo el puerto de las Señales (1.625 m) y cruzando el embalse del Porma. Antes de este, sin embargo, toca recorrer las orillas del embalse de Riaño con las primeras luces de la mañana.




Punto del vista del burrete.


Comencé a remontar ya el valle de Valdeburón, primero bajo la atenta mirada del Yordas (1.967 m) y más tarde del macizo del Mampodre (Peña de la Cruz, 2.196 m).



Un poco más de esfuerzo y se alcanza primero el puerto de Tarma y, más tarde, el de las Señales. Para mí, uno de los más bonitos de la zona.


Desde aquí inicié sin pausa el alucinante descenso por el Pinar de Lillo, que desde que arreglaran el firme de la carretera hace un par de años, es todo un placer.



Tras el vertiginoso descenso hasta Cofiñal, dejé atrás Puebla de Lillo y me dispuse a cruzar el último embalse del viaje. Y con poco viento a esta hora de la mañana, el Porma me ofreció bellas estampas del Susarón y montañas aledañas. 





Una vez llegué a Boñar, y sabiendo que iba de vacío, paré a tomar un café con una estupenda tapa de tortilla. Y como fue más grande de lo esperado, decidí quemarla alargando un poco la ruta rodando hasta La Robla y volviendo a León por Lorenzana.

Poco más que contar. Siempre prefiero este tipo de viajes acompañado, pero he de reconocer que rodar en solitario es algo que me gusta hacer de tarde en tarde. En total, 496 km y 5.635 m de desnivel positivos disfrutando de paisajes espectaculares, atravesando el muro cantábrico por diversos puertos y disfrutando de la paz que otorgan montaña y mar.

Espero que os haya gustado.


Viaje realizado en mayo de 2026
Miguel Navarrete