Reino de las montañas Altai

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domingo, 12 de abril de 2026

West Highland Way. Recorriendo las tierras altas de Escocia.

 

Hacía tiempo que queríamos conocer Escocia, y más concretamente, las tierras altas. Descartando destinos más concurridos en estas fechas de Semana Santa, acabamos valorando esa opción, recorriendo uno de sus caminos más emblemáticos; el West Highland Way. 

Este camino suele completarse, según capacidades, en unos 6-8 días, aunque nosotros, por falta de tiempo, tuvimos que plantearlo en 5 días. Eso supuso tener que encarar jornadas de más de 30 kilómetros diarios, con unos 1.000 metros de desnivel al día, hasta completar sus 157 kilómetros con un desnivel acumulado de 5.000 metros (nota: los desniveles fueron calculados con reloj de Rocío, un Coros Pace, que seguro, sobrestimó. Buscando información en wikiloc y página similares, esta ruta completa suele rondar los 3.000 - 3.600 metros de desnivel). Aun sabiendo que serían etapas duras, pusimos rumbo a tierras escocesas sin dudarlo. Tras un vuelo largo con escalas buscando un poco de economía, aterrizamos en Edimburgo un sábado, bajo una copiosa granizada que más tarde nos dejaría una estupenda tarde para empezar a conocer esta preciosa ciudad. Aquí la climatología te brinda las cuatro estaciones a cada momento, haciendo que olvides la previsión meteorológica y salgas a recorrer sus calles y rincones sin preocuparte de la lluvia o el viento. Aquí los paraguas no sirven de mucho.




Sí, sé que no ha foto del castillo, pero la multitud congregada en la explanada la desaconsejaba. Parece que me siguen dando alergia las multitudes.

Tolbooth Kirk.



Catedral de San Giles.






Cementerio Greyfriar.




Calle Victoria.



Monumento a Scott y estación de Waverly y hotel Balmoral.


Al día siguiente, el viento y la lluvia nos hicieron probar nuestros ponchos y gore tex, creándonos una falsa tranquilidad de cara a jornadas lluviosas por las tierras altas. 




A pesar del aguacero matinal y el tremendo vendaval, con vientos sostenidos de 45 km/h y rachas de 60 según previsión, y que hacía ponerme a prueba para intentar encuadrar cada fotografía, subimos a la colina Calton desde donde contemplar unas estupendas vistas de la ciudad.





Tras el pateo de la mañana y una estupenda comida por los alrededores de la calle Rose, cogimos un tren rumbo a Glasgow, para visitar la ciudad en la única tarde que tendríamos por allí y preparar todo para iniciar el trekking al día siguiente.








Catedral y necrópolis de Glasgow.






Vuelta al centro a cenar algo y descansar...


Pero el día aún tenía algo que decir. Y es que, sentados en un estupendo pub escuchando música en vivo, mi pierna derecha empezó a dormirse poco a poco. Y el cosquilleo tornó en molestia, y finalmente, la molestia en dolor. Habiendo sufrido algo parecido no hacía mucho tiempo, el diagnóstico era claro; pinzamiento del nervio ciático. Cuando al sentarme más tarde en la camal del hotel, un dolor agudo me recorrió como un latigazo desde el glúteo hasta el pie pasando por el lateral exterior del gemelo, vi que la cosa iba en serio; me había lesionado de la nada, la noche antes de empezar a caminar. No me lo podía creer; no podía ni quitarme la zapatilla por mis propios medios. Y aún tampoco lo sabía, pero no iba a poder pegar ojo por las noches. Y este tipo de lesiones no son de las que se curan rápidamente. Sin opciones de fisioterapia ni teniendo seguro médico, no me quedaba más que intentar completar con dolor las ya de por sí largas y duras jornadas, esperando no romperme del todo. Un gran comienzo, sin duda.

Etapa 1: Milngavie - Balmaha (32 km, +920 m).

Sin más opción que poner al mal tiempo buena cara, temprano en la mañana pillamos un tren hasta Milngavie, a las afueras de Glasgow, desde donde finalmente empezamos a caminar. 

El dolor era soportable y, aunque cojeando, me permitía avanzar. Eso sí, nada de tropezar o hacer algún movimiento extraño. Poco a poco, el cuerpo y sobre todo, la cabeza, calentaban y los kilómetros empezaban a pasar. 



Estamos en temporada de lambing, por lo que el camino solía estar animado por jóvenes corderillos que se entretenían con cualquier cosa en sus primeras semanas de exploración.




Y en el silencio del camino, siempre se escuchaba el canto de cualquier pájaro. Un pequeño petirrojo me dejó fotografiarlo, sin dejar de mirar de reojo.  


Y digo silencio del camino pues, el West Highland Way es algo así como el Camino de Santiago, repleto de gente en su temporada habitual; el verano. Evidentemente, yo no habría venido aquí en semejantes fechas, por lo que al estar a finales de marzo, no te encontrabas con más de 10-12 personas en toda la jornada. Eso para mí ya es mucho, pero estando donde estamos, no me puedo quejar. Era muy agradable encontrar más cuadrúpedos que bípedos...

Vacas de las tierras altas. 



Seguimos nuestro camino pasando por Drymen y continuando en dirección al loch Lomond a través de senderos forestales repletos de gigantescas píceas.








Unos kilómetros después, aparecía ante nosotros el enorme lago Lomond, el lago de agua dulce más extenso de Reino Unido. Es el lago más grande superficialmente, aunque en volumen le gana su hermano Ness, para pode dar un hogar digno al Nessie



Como remate para la jornada, nos tocaría aún subir (y bajar) la Conic Hill, desde donde contemplar unas magníficas vistas del lago.





Un estupendo sendero empedrado nos condujo directamente a Balmaha, donde poder darnos una buena ducha, cenar y descansar. El tiempo se portó bastante este día, con sólo un par de chubascos cortos y de poca intensidad. 

Y sí, hay que hacer un apunte gastronómico. Sabiendo que no esperábamos nada de la comida local, nos sorprendió gratamente los haggis, una especie de morcilla hecha con casquería de cordero, cocinada con especias dentro de una bolsa hecha a partir del estómago del animal. Muy rico, la verdad. Además del esperado fish and chips, también el Scottish pie estuvo a la altura de estas tierras. Cerveza muy normal, eso sí. Salvo una mezclada con maltas de wishky, con buen sabor y cuerpo, el resto era buenas lager, fáciles de beber, sin ninguna pega y ninguna alabanza. Evidentemente, esto no es más que unas opinión personal.

Etapa 2: Balmaha - Inverarnan (36,5 km, +/- 1.100 m).

Hoy encaramos una dura y larga jornada, a través de la interminable orilla del loch Lomond. A pesar de lo apacible de las fotos, el sendero, a veces técnico, era un continuo sube y baja por recodos rocosos, raíces arroyos. 










Muestras del fuerte viento que azota estas tierras. Se veían por todos lados.





Además, por obras forestales, tuvimos que desviarnos del sendero y subir una buena colina, metiendo más desnivel a la ruta. El camino, sin embargo, era más cómodo que el sendero de la orilla. Enormes píceas y alerces nos acompañaron en esta parte.





De vuelta a la orilla, los robles, aún sin hojas, volvían a dominar el paisaje. Y el omnipresente lago, que parecía no tener fin, no se acaba nunca…








Ya se adivina, a lo lejos, el paso de lago a río, donde las dos orillas vuelven a acercarse. Tan sólo una colina más, y cruzaremos el puente sobre el Falloch para llegar al fin a Iverarnan, donde darnos una reconfortante ducha y cenar. 



Y al sentarme en la cama e intentar quitarme las zapatillas, un dolor agudo me vuelve a recordar que sigo bastante tocado. En cada tropezón, en cada movimiento brusco, a parte del latigazo de dolor, lo que temo es terminar de romperme, tenga lo que tenga. Hoy empezaré a tomar un ibuprofeno para intentar descansar algo, pues las noches son eternas al despertarme continuamente cuando muevo la pierna o intento girarme. Al menos el tiempo sigue siendo muy bueno para la zona y época en la que estamos; tan sólo un par de chubascos ligeros, como los del día anterior, y vientos mucho más suaves. Todo un lujo.

Etapa 3: Inverarnan - Bridge of Orchy (31,2 km, 945m). 

Larga etapa la de hoy, siendo curiosamente la más corta en distancia hasta el momento. Y es que hoy el tiempo quiso ser más escocés, y desde primera hora de la mañana, la lluvia comenzó a caer y ya no cesó en todo el día. Viento, frío y humedad nos acompañaron todo el camino. Y por mucho gore tex y mucho poncho que lleves, horas de camino bajo la lluvia calan a cualquiera. Calan la ropa, y el ánimo. 







Aun así, los paisajes alegran la vista y las ganas de seguir caminando. Vamos alternando entre zonas boscosas y las amplias extensiones de pastos de las tierras altas, similares a nuestras brañas y borreguiles. Con suerte, el camino cruzó una vía de ferrocarril y bajo el pequeño puente, pudimos parar a comer algo y abrigarnos. Hasta ese momento, no tuvimos ninguna opción de refugio bajo la lluvia. 








De camino, pasamos por una pequeña laguna donde, según cuenta la leyenda, tras una batalla entre Robert Bruce y el clan McDougall, los hombres de Robert se vieron obligados a huir. Al pasar junto a este pequeño lago, Robert les ordenó que arrojaran sus armas pesadas al agua para que no pudieran ser reutilizadas por sus enemigos.

Se cree que, junto a las espadas más pequeñas de sus hombres, la espada Claymore de más de un metro de largo de Robert Bruce yace en el fondo de este estanque, custodiada por la dama del lago.


Seguimos nuestro camino bajo grises nubarrones y la lluvia que no para de empaparnos. Un poco de fauna local y llegamos finalmente a destino. 












Además, hoy es el único día que dormimos en un albergue, compartiendo habitación con otras ocho personas. Las opciones para secar ropa y sobre todo, zapatillas, fueron muy escasas, saliendo al día siguiente con todo húmedo… Y para aumentar el nivel de emoción del trekking, Rocío se hizo daño en la rodilla, en la interminable etapa del loch Lomond, y hoy en cada cuesta abajo el dolor aparecía de forma aguda. Estamos buenos los dos…

Etapa 4: Bridge of Orchy - Kinlochleven (34,5 km, 1.185 m). 

Sin lugar a dudas, la etapa más espectacular del camino. Y además, hoy ocurrió algo ciertamente curioso, pues finalmente pude acceder a un tratamiento fisioterapéutico. Algo improvisado, eso sí, pero efectivo. Temprano en la mañana nos disponíamos a salir de la pequeña aldea cuando, sin habernos percatado de ello, en una calle cuesta abajo empecé a resbalar sobre una buena placa de hielo. Sin mucho tiempo de respuesta, y con la pesada mochila, caí de bruces justo sobre el glúteo y pierna afectados, sintiendo un tremendo dolor al momento del impacto. Sin poder levantarme, y ayudado por la gitanilla valiente, me incorporé como pude pensando lo peor. Pero curiosidades de esta vida, seguimos nuestro camino y yo cada vez me sentía mejor. Con infinitas probabilidades de haber empeorado, aquella caída me arregló el pinzamiento del nervio casi por completo. Qué cosas...

Tras un buen desayuno, comenzamos el ascenso de la primera colina sumidos en la niebla.





Vamos ganando altura y el sol vuelve a bañarnos con su luz. Es de agradecer, después de la húmeda jornada de ayer.






Comenzamos un ligero descenso al lago Tulla, antes de poner rumbo hacia el paso más alto de la ruta.













Horizontes infinitos de las Highlands.










De camino por King House, unos curiosos ciervos nos salieron al encuentro.






Una vez alcanzamos el espectacular valle de Glencoe, comenzamos el ascenso al paso más alto del recorrido, a través de la Devil's Staircase, desde donde contemplar el macizo del Ben Nevis, montaña más alta de Escocia y de Reino Unido.










Desde allí, iniciamos un vertiginoso descenso hasta Kinlochleven, donde la rodilla de Rocío sufrió bastante. Pero ya queda poco, y el pequeño pueblo fue sin duda un genial lugar para reponer y descansar.





Etapa 5: Kinlochleven - Fort William (25 km, 850 m).  

Corta y última etapa de este camino, que también volvió a hacerse más larga de la cuenta. Las previsiones de diluvio sólo nos alcanzaron a mitad de ruta, pero hicieron muy largos los últimos kilómetros. 








La tormenta ya amenaza al paso por Lairigmor.












Tras este puente, tuvimos que ponernos los ponchos y pocas fotos pude hacer. La lluvia caía con fuerza y furia llegando a nuestro último destino.


Pero poco a poco, llegamos a Fort William, 

Pero todo un placer descansar y reponer en este bonito pueblo. Completado queda, pues, el camino del oeste. Preciosas tierras altas de Escocia.