Reino de las montañas Altai

Reino de las montañas Altai

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Intento a la arista suroeste del Pumori (7.161 m), Nepal.


Cuando dos compañeros de expedición no pudieron finalmente unirse al grupo, y de cinco escaladores tan sólo quedamos tres, supimos que sería muy complicado conseguir nuestro objetivo. El planteamiento, expedición pesada fijando cuerda estática en los tramos más complejos y verticales de la vía, requería de un equipo potente, pero aún así, quisimos intentarlo.

Sin embargo, a veces, por mucho empeño o ilusión que uno ponga, las cosas se pueden torcer y resultar en exceso complicadas, o peligrosas.

Durante los días de trekking, un miembro del equipo cayó enfermo y no puedo estar a pleno rendimiento. Si tres éramos pocos, ahora veíamos aún más mermadas nuestras fuerzas. Junto a esto, y tras montar nuestro campo base avanzado a 5.500 m, sobrevinieron seis días de continuas nevadas que nos impidieron trabajar en la montaña. Contando con tan sólo tres días de reserva por mala climatología, el tiempo comenzó a ser un factor determinante, junto con las malas condiciones en que se encontraba la vía. Cuando el sol volvió a brillar y comenzamos a escalar de nuevo camino de un depósito realizado a 6.300 m durante los pasados días de nevadas, vimos cómo habíamos perdido toda la comida de altura que habíamos porteado. Asimismo, el hecho de ser sólo tres compañeros, uno de ellos enfermo, no nos permitía meter muchos días de descanso en nuestra planificación y, aunque se bajó al campo base a por más comida mientras otra parte del grupo intentaba montar el C1, se decidió renunciar a la cima tras sopesar y barajar nuestras escasísimas posibilidades. La vía, plagada de hielo, nos iba a retrasar mucho más de lo esperado, y las rocas y bolos que caían del corredor de hielo que daba acceso al C1 no hacían más que aumentar conforme el sol bañaba la vía.

A pesar de todo, fue una experiencia espectacular, de la que aprender, recordar y volver ilusionado. Ya vendrán nuevos proyectos que enfocar con nueva óptica, con nuevas ganas. Y lo que es más importante en estas cuestiones, volvimos todos sanos, enteros y amigos.

Dejo por aquí algunos de los disparos realizados durante aquellos días.


Recorriendo las callejuelas de Patan, Katmandú



Plaza Durbar, Patan, Katmandú


Camino de Namche Bazar, días de trekking hacia el campo base


Cruzando el puente Hillary




Realizando una punta de aclimatación a 4.200 m en los alrededores de Namche BAzar




Y tras dejar atrás Namche Bazar, el Everest (8.848 m) y la pared sur del Lhotse (8.516 m) aparecen ante nosotros


El Ama Dablam (6.812 m)



Cae la noche sobre el Lhotse (8.516 m)


Sergio y Lolo estudiando las vías de la sur del Nuptse (7.861 m)


Los lagos del Ama Dablam (6.812 m) desde una punta de aclimatación a 5.000 m, por encima de la aldea de Dingboche



Camino del glaciar del Khumbu




Sobre las morrenas del glaciar del Khumbu, con el Pumori (7.161 m), nuestro objetivo, al fondo





Día de exploración por las morrenas del Pumori (7.161 m), buscando un emplazamiento para nuestro campo base avanzado (CBA). En la foto, la vía elegida; la arista suroeste.


Cae la tarde sobre las laderas del Nuptse (7.861 m)


La pirámide cimera del Everest (8.848 m)


Emplazamiento de nuestro CBA, a 5.500 m. Necesitaremos dos días de porteos para subir todo el material necesario para la escalada


Y tras nosotros, el bello y peligroso Pumori (7.161 m)


Comienzan los días de trabajo en el glaciar, porteando material y fijando líneas de cuerda




Intentamos trabajar a pesar del mal tiempo





Tras seis días de nevadas, vuelve a salir el sol, y nos encaminamos hacia el depósito de comida y tienda que hicimos a 6.300 m


Durísimas y verticales pendientes de hielo vivo bajo una fina capa de nieve



Desde la cornisa (6.300 m, máxima altura alcanzada), al final del corredor de hielo vertical y terreno mixto. Tras bajas en el grupo, seis días de continuas nevadas, malas condiciones en la vía y la perdida del depósito de comida de altura, nuestras opciones, al igual que nuestras fuerzas, quedan muy mermadas




Contemplo, con manos heladas y mientras espero a mi compañero en una cornisa de apenas 70 cm de ancho, un bello atardecer sobre el Everest (8.848 m), Lhotse (8.516 m) y Nuptse (7.861 m). Es lo más que podré hacer esta vez


Ama Dablam (6.816 m)


Lentamente cae la noche sobre los Himalayas, y con ella el frío



Tras rapelar el corredor de hielo, espero a que mi compañero lo descienda igualmente, resguardado de todo lo que caerá desde arriba mientras el baja, junto a unas rocas


Ama Dablam (6.812 m)


Líneas de rápeles camino de la base del glaciar. Un largo y frío descenso nos espera hasta el CBA


Últimas luces



Al día siguiente, y tras bajar al campo base a por más comida, la expedición decide renunciar a la cumbre. Apenas tenemos opción alguna. Cae la tarde sobre nosotros


Última noche en el CBA. Everest (8.848 m) y Nuptse (7.861 m) al fondo


De vuelta al campo base, Gorakshep (5.180 m). Polaris me muestra el norte, junto a la montaña que no nos dio ninguna opción


De vuelta al campo base por las morrenas del Khumbu, Nuptse (7.861 m) al fondo


Volvemos a Lukla por los lagos de Gokyo. Ama Dablam (6.812 m)


Lago de Gokyo


Cho Oyu (8.201 m) desde Gokyo




Everest (8.848 m), Lhotse (8.516 m) y Makalu (8.481 m) desde Renjo La (5.400 m)




Cremaciones en Pashupatinath, de vuelta a Katmandú






Gran estupa de Boudanath destruida por el terremoto


Cae la noche en Boudanath





A pesar de no traer la cumbre esta vez, guardo enormes recuerdos de este viaje y de un país al que sé, volveré en más ocasiones.

Expedición realizada en octubre de 2015.

Miguel Navarrete
Noviembre de 2015


lunes, 20 de julio de 2015

Moçambique II. Despedida de la vida africana.



Los meses transcurrieron sin pausa, aunque también sin prisa. Y con el calor llegaron las lluvias, y el verano húmedo se instaló silenciosamente. El mato se vistió de verde y fui, como muchas tardes, a ver el viejo baobab que se alza en la carretera que discurre camino a Massingir.





En casa la vida seguía tranquila, tal vez demasiado, y el aumento de humedad trajo las hordas de mosquitos que, una vez se ponía el sol, eran totalmente implacables. Poco más que hacer fuera de la mosquitera.





Aún así, fueron algunas noches las que desafiamos ese ataque casi invisible, entre paseos por los barrios periféricos y cervezas varias... Cae la noche en Chókwè.






Muchos fueron los fines de semana que marchaba a la capital, Maputo, buscando un mínimo de vida social, una distinta gastronomía, algún lugar donde poder sentarme tranquilamente por la noche y escribir. De camino, era muchas veces parada obligatoria el mercado de fruta de Macia.





Ya en Maputo, es visita obligada la antigua estación de ferrocarriles que, inevitablemente, te transporta a otra época.






Y por qué no, si tienes la oportunidad de hacer algún viaje, no te lo vas a negar. Sudáfrica no queda tan lejos, y el Parque Kruger está aún más cerca...















 Y mientras tanto, seguimos con el trabajo, seguimos con las comunidades, seguimos adelante.




Aún así, vivir en África rural requiere unos mínimos sin los cuales, la vida puede hacerse un tanto cuesta arriba. Yo no tuve esos mínimos y, también debido a eso, tuve la oportunidad de vivir una vida africana bastante real. Mezclarme con la población, vivir como ellos vivían, utilizar su "transporte público" cada vez que quería desplazarme, prescindir de tantas y tantas necesidades aprendidas en el mundo del que venía y darme cuenta de lo poco que realmente es necesario para tener una vida digna y, por qué no, completa.

Demasiado pronto terminó aquel periplo africano, pero no descarto volver al continente negro. Mucho aprendí en él, y mucho queda aún por descubrir.




Miguel Navarrete
Julio del año 2015